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Ormuz le pasa factura a Iberoamérica

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Ormuz le pasa factura a Iberoamérica

Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán y la Guardia Revolucionaria Islámica cerró el Golfo Pérsico al tráfico comercial, el mundo lleva más de noventa días...

Por 5 de junio de 20265 min de lectura

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Lo esencial

  • Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán y la Guardia Revolucionaria Islámica cerró el Golfo Pérsico al tráfico comercial, el mundo lleva más de...
  • Lo que comenzó como una crisis de Oriente Medio se convirtió, en cuestión de semanas, en la mayor disrupción energética de la historia moderna.
  • Y sus reverberaciones llegan hasta el Caribe.
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Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán y la Guardia Revolucionaria Islámica cerró el Golfo Pérsico al tráfico comercial, el mundo lleva más de noventa días sin que aproximadamente el 25% del comercio mundial de petróleo por vía marítima y el 20% del gas natural licuado global transite por esa ruta. Lo que comenzó como una crisis de Oriente Medio se convirtió, en cuestión de semanas, en la mayor disrupción energética de la historia moderna. Y sus reverberaciones llegan hasta el Caribe.

Más de 14 millones de barriles diarios de petróleo se encuentran paralizados, y las reservas globales se han vaciado casi por completo desde el inicio del conflicto, según la Agencia Internacional de la Energía. Aunque a principios de mayo Washington lanzó el llamado "Proyecto Libertad" para liberar los buques atrapados, Trump lo suspendió dos días después para intentar cerrar un acuerdo con Teherán, que por su parte creó una Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico para gestionar el tránsito en sus propios términos. El resultado: el bloqueo sigue en pie, y nadie sabe hasta cuándo.

Dos realidades frente al mismo shock

La crisis de Ormuz no afecta a todos por igual. Existe una fractura nítida entre los exportadores y los importadores de energía de la región, y esa fractura es, en el fondo, una radiografía de las asimetrías estructurales que llevan décadas sin resolverse.

Colombia, Brasil, Argentina, Ecuador, Venezuela y Guyana son considerados exportadores netos de energía, y podrían salir beneficiados en términos netos: los precios más altos mejorarán sus términos de intercambio, aumentarán los ingresos por exportaciones y respaldarán sus posiciones comerciales, según Capital Economics. El Brent superó los 100 dólares por barril tras el inicio del conflicto, y Rystad Energy estimó que la región podría recibir hasta 43.000 millones de dólares adicionales en ingresos petroleros durante 2026.

Sudamérica está emergiendo como una nueva fuente clave de flujos globales de crudo: liderada por Brasil, Guyana y Venezuela, la región logró el mayor aumento en exportaciones de petróleo de cualquier bloque productor hasta ahora este año, con Brasil, Guyana y Venezuela sumando en conjunto alrededor de 145 millones de barriles adicionales respecto al año anterior. El reordenamiento tiene un destinatario claro: las refinerías indias han recurrido a la compra de petróleo de origen latinoamericano y africano para compensar el déficit de crudo, con Venezuela escalando hasta convertirse en el quinto mayor proveedor de India en mayo.

Venezuela merece un párrafo aparte. El Ministerio de Petróleo proyecta llegar a 1,37 millones de barriles diarios para finales de 2026, un aumento del 22% frente a los niveles de 2025 y una cifra que no se veía desde los tiempos previos a las primeras sanciones. El dato más revelador es quién compra ese crudo: Estados Unidos, el mismo país que sancionó a Venezuela durante años, es hoy su cliente número uno, con 558.000 barriles por día en mayo. La geopolítica del petróleo tiene su propio pragmatismo, y no siempre coincide con la retórica.

El otro lado de la fractura

Pero la bonanza energética de los exportadores convive con una realidad muy distinta en el otro extremo de la región. En países como Chile, Uruguay, Perú, los centroamericanos y los caribeños, incluida República Dominicana, no hay alternativa: si el conflicto en Medio Oriente se prolonga y el precio del barril sigue en alza, el costo de la energía terminará trasladándose directamente a los consumidores, advirtió el analista Francisco Monaldi en declaraciones a CNN.

Los datos confirman esa advertencia. Entre febrero y abril de 2026, Perú registró un aumento del 43% en el precio de la gasolina, Chile del 24% y Argentina del 18%, en paralelo a un incremento de más del 40% en el precio internacional del Brent. Y el petróleo no es la única variable: por Ormuz no solo pasa el 20% del petróleo mundial, sino también el 30% de los fertilizantes globales, con un impacto directo sobre los precios de los alimentos y la seguridad alimentaria, según el economista jefe de la OMC, Robert Staiger.

Cuando la estabilidad del estrecho se ve comprometida, los costos de bunker, es decir, el combustible que mueve la flota mercante mundial, suben de forma casi inmediata. Y cuando el bunker sube, los fletes marítimos siguen el mismo camino. Para los países que dependen de las importaciones para cubrir una parte significativa de su consumo, el vínculo entre el precio de la energía y el precio de los alimentos es directo.

La paradoja que no se nombra

La región enfrenta una paradoja recurrente: obtiene mayores ingresos por exportaciones de energía, pero al mismo tiempo experimenta mayores costos económicos internos. El alza de los combustibles impacta directamente en la inflación, encarece el transporte y aumenta los costos de producción agrícola, especialmente por el incremento en los fertilizantes derivados del gas natural.

Es decir: incluso los "ganadores" de Ormuz no ganan sin condiciones. Brasil tuvo que reducir impuestos federales sobre combustibles e introducir subsidios millonarios al diésel para contener el impacto interno. Colombia amortiguó el golpe con controles graduales de precios. Bolivia, en cambio, congeló los precios frente al aumento internacional y terminó generando escasez y protestas de transportistas. La OMC advirtió que la guerra en Oriente Medio puede reducir un 0,3% el crecimiento de la economía global y un 0,5% el comercio de mercancías en 2026 si el conflicto se prolonga.

Noventa días después del cierre de Ormuz, la región que se presentaba como la "menos expuesta" al shock comenzó a acusar sus propias contradicciones. Los exportadores celebran ingresos extraordinarios mientras gestionan inflación interna. Los importadores ajustan presupuestos mientras esperan que alguien, en alguna sala de negociación, resuelva un conflicto que nadie en Iberoamérica inició, pero que todos están pagando.

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